Antes de que empiecen a llegar envíos, conviene aclarar cómo trabajamos. Qué publicamos, qué no, y por qué.
Esta nota la escribimos porque sabemos lo que va a pasar.
En unos días empiezan a llegar envíos al Buzón. Algunos van a ser cartas hermosas, otros denuncias urgentes, otros chismes sabrosos, otros pedidos genuinos, otros intentos de usar el medio para acomodar cuentas personales. De todo eso, una parte se va a publicar y otra no. Y queremos que se sepa de entrada cómo se decide.
La regla principal
No publicamos nada que pueda lastimar.
Esa es la regla. Todas las demás salen de ahí.
Si una denuncia es importante para el pueblo, se publica aunque le moleste a alguien. Si una denuncia es venganza personal disfrazada, no se publica aunque sea muy creativa. Si una crítica al municipio es legítima, se publica con nombre y apellido del funcionario. Si una crítica a un vecino es solo bronca, se anonimiza o no se publica.
La pregunta no es si algo es picante. La pregunta es si publicar le suma al pueblo más de lo que le resta.
Los anónimos
Sí, recibimos envíos anónimos. Es uno de los pilares del medio.
En un pueblo de catorce mil habitantes, la gente que se anima a decir las cosas con nombre y apellido es poca. Y entendemos por qué. Acá nos conocemos todos. Si denunciás algo, mañana te lo cruzás en el club. Si criticás a alguien, su prima trabaja con tu hermano.
El anonimato no es una falla, es una herramienta. Nos permite publicar lo que de otro modo nadie diría.
Pero el anonimato no es licencia para cualquier cosa. Un anónimo que acusa con nombre y apellido a alguien de un delito grave, sin pruebas, no se publica. Un anónimo que tira información para verificar, lo verificamos antes de publicar. Un anónimo que cuenta una experiencia personal y no daña a nadie, se publica como llegó.
Nombres propios
Acá hay una distinción importante: hay nombres que se publican y nombres que no.
Se publican: nombres de funcionarios públicos en su rol público, nombres de empresas y comercios en su actividad pública, nombres de personajes públicos del pueblo. Si el intendente toma una decisión, su nombre va. Si una empresa tiene un servicio malo, su nombre va. Si el cura dice algo desde el púlpito, su nombre va.
No se publican: nombres de personas privadas en cuestiones privadas, nombres de víctimas, nombres de menores, nombres en acusaciones de delitos sin condena, nombres cuando la persona no eligió estar en el espacio público.
¿Es una línea siempre clara? No. Hay casos grises y los discutimos uno por uno. Ante la duda, anonimizamos.
Lo que editamos
Cuando un envío llega, lo leemos completo. Si va a publicarse, a veces lo editamos.
Editamos para que se entienda. Editamos para no incurrir en errores legales. Editamos para anonimizar lo que hace falta anonimizar. Editamos para corregir ortografía. Editamos para acortar cuando hace falta.
Lo que no editamos: el tono, la voz, la postura. Si alguien manda una carta con bronca, sale con bronca. Si alguien manda una carta con humor, sale con humor. Cada quien escribe como quiere.
Si editamos algo importante, te avisamos antes de publicar.
Lo que rechazamos
Hay cosas que no van. Las nombramos sin vueltas:
Insultos. Si tu envío es básicamente putear a alguien, no va. Podés criticar fuerte, podés ironizar, podés ser duro. Pero el insulto puro y duro, no.
Discriminación. Nada que ataque a alguien por su origen, su religión, su orientación sexual, su género, su clase. Sin excepciones.
Acoso. Si tu envío sirve para identificar y hostigar a una persona, no va. Aunque tenga razón en lo que dice.
Datos privados. Direcciones, teléfonos, documentos, datos médicos, datos familiares íntimos. Nada de eso se publica sin permiso explícito de la persona.
Venganzas obvias. Si la nota es claramente para perjudicar a alguien con quien tenés un problema personal, y no hay interés público real, no va.
El derecho a responder
Si te mencionamos en una nota y querés responder, te damos espacio. El mismo espacio, la misma visibilidad. Con las mismas reglas que para todo lo demás.
Esto vale para cualquiera: funcionarios, comercios, vecinos. Si aparecés mencionado, podés responder. Es lo justo.
Escribinos por el Buzón aclarando que es una réplica.
Los errores
Vamos a equivocarnos.
Vamos a publicar algo que no deberíamos haber publicado. Vamos a confiar en una fuente que después resultó mentirosa. Vamos a editar mal una carta. Vamos a meter la pata en algo y no nos vamos a dar cuenta hasta que alguien nos lo diga.
Cuando pase, lo vamos a corregir. Vamos a publicar la corrección con la misma visibilidad que tuvo el error. No vamos a borrar la nota original como si nunca hubiera existido — vamos a marcar la corrección, fechada, en la misma nota.
Eso es lo que nos diferencia de las páginas de Facebook que publican cualquier cosa y después borran. Acá, lo que se publicó, queda.
Lo último
Esto es un medio nuevo, en un pueblo, hecho con mucho menos dinero del que hace falta. Vamos a tener que ir aprendiendo cómo se hace. Las reglas de arriba son un punto de partida, no un manual cerrado.
Si pensás que algo de cómo trabajamos está mal, escribinos. Si pensás que una decisión nuestra fue injusta, escribinos. Si tenés una idea para mejorar el medio, escribinos.
El Buzón se hace entre todos o no se hace.
— La Redacción
